Una práctica para recuperar presencia cuando el día te ha llevado lejos de ti.
Tita Fernández
No necesitas silencio perfecto ni un momento especial. Solo necesitas este texto y tu cuerpo. Puedes hacerla sentada, de pie, en cualquier lugar.
Esta práctica está pensada para los momentos en que el cuerpo necesita una pequeña pausa para reorientarse. No para vaciar la mente ni conseguir ningún estado especial. Solo para volver.
01
30 segundos
Para.
Deja lo que estabas haciendo. Solo por estos minutos. No hay nada que resolver ahora mismo.
02
1 minuto
Nota dónde estás.
Siente el contacto de tus pies con el suelo. El peso de tu cuerpo en la silla o de pie. No tienes que cambiar nada. Solo sentirlo.
03
1 minuto
Observa la respiración.
No la controles. Solo obsérvala. Cómo entra. Cómo sale. Si la sientes corta o contenida, es información. No un problema.
04
1 minuto
Busca la tensión.
Recorre mentalmente tu cuerpo de arriba abajo. Mandíbula. Cuello. Hombros. Pecho. Vientre. Donde encuentres tensión, no la empujes. Solo ponle atención. Nómbrala internamente si puedes.
05
1 minuto
Pregúntate.
Desde ese lugar de atención, con calma, pregunta: ¿qué estaba necesitando mi cuerpo que no he atendido hoy?
No busques una respuesta perfecta. Escucha lo primero que llegue.
06
30 segundos
Cierra con un gesto.
Una mano en el pecho. Una respiración lenta. Una frase en silencio: estoy aquí.
Eso es suficiente.
El solo hecho de haberte detenido ya es volver.
Si quieres seguir explorando esto en un espacio propio, el encuentro inicial es una conversación de 30 a 40 minutos. Sin compromiso. Solo un espacio para que cuentes lo que traes.